Ralladas in de mornin
Hace poco tiempo que dejé de soñar mi vida y comencé a vivirla. Ahora simplemente imagino vidas, como ser un ídolo de masas o una sacerdotisa noma, pero por puro entretenimiento en el autobús, antes de dormirme o en las clases aburridas de economía.
Es extraño, me pasé la vida deseando hacer cosas y ahora que más o menos hago lo que deseo o al menos lo intento, me asusta el tacto real de las experiencias. Antes me protegía mi burbuja onírica, pero eso conllevaba despertar por las mañanas en el mismo lugar y descubrir que no me había movido, que no había cambiado. Ahora me he lanzado a la piscina o al mundo y no hay vuelta atrás. No se si lo que hago está bien o mal, si mis planes, que ya no son sueños, saldrán o los conseguiré haciendo lo que hago. Pero eso ya no importa, puede que tengamos un destino escrito en algún libro astral o de papiro, pero yo intentaré conseguir mis metas, poco a poco, primero las más inmediatas para luego alcanzar la más grande y no esperar a que ellas vengan a mi. Pero para eso hace falta paciencia y constancia; y a eso aún estoy aprendiendo.



Sidious dijo
Son dos cosas diferentes las que tratas aquí. Por un lado está la paciencia necesaria para esperar que los caminos lleguen a su fin, aún cuando hayamos dado un gran paso andando nosotros ese camino en lugar de esperar a que se deslizara bajo nuestros pies. Por otro lado está el natural miedo a la realidad, mucho más incómoda que la imaginación. Quizá seamos unos eternos descontentos, cuando esperamos, por seguir soñando, y cuando nos lanzamos al agua, por tener que mantenernos a flote.
18 Enero 2006 | 01:12 PM